2.16.2009

mi aventura en sweet Pompeya























Tras una puerta de fierro, un pequeño pasillo donde del lado derecho hay una puerta doble al baño, después, una enorme cama vestida de blanco con ligeros detalles bordados pintados de azul. Al fondo, una testiga desnuda, bañada en agua, atrapada en gran un lienzo dispuesta a no ver cubriendose los ojos con un manto para guardar el secreto, y a su lado izquierdo fuera de su cárcel, una puerta blanca, falsa, soldada para no escapar. Frente a la gran cama, del lado izquierdo del pasillo; el secreto, el egoísmo y  el alcohol destacaban de la pared rústica enpiedrada con una enorme tacha cada uno. En nuestros pies la piel de lo salvaje.
 
Paso el tiempo, el ámbar nos llevo a la cama, recorrió desde nuestros labios, nuestras venas, hasta llegar con su amiga la conciencia, se extrañaban. Tu y yo, los demás desaparecieron en la nieve, la habían inhalado por montón, pasaba el tiempo, la distancia se borraba, los centimetros se restaban, no paso mucho para que la cuenta llegara a cero y derrepente labios suaves, besos húmedos, no muy diferentes, tu y yo, yo y tu... el tiempo continuo con su trabajo..
Hasta que la hora por sexta vez establecida llego, los demás aparecieron desnudos, escribiste una nota, salimos de Pompeya en pantuflas, es verdad, Pompeya es sweet.

La minerva fue testiga de que soy apasionada y que se guardar esos no tan pequeños detalles,  nos comimos como tacos Sonora Querida.

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